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El transporte en frío, clave en la lucha contra el desperdicio de alimentos

Cada año se tiran 7,7 millones de toneladas de alimentos en buen estado en España. De todos los países de la Unión Europea, es el séptimo que más desperdicio de comida presenta. Según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), el despilfarro equivale a medio kilo de alimentos por persona y semana. Esto supone 250 euros en comida tirados a la basura por persona y año, según el informe Save Food elaborado por Ayuda en Acción y Albal.

El desperdicio de alimentos puede producirse en cualquier fase de la cadena de suministro: desde la cosecha, pasando por el almacenamiento y el punto de venta, hasta el consumidor final. Mientras que en los países desarrollados es más común que los alimentos lleguen al punto de venta y sea allí o en su destino que es desperdiciado, en los territorios en vías de desarrollo suele ser en los primeros pasos, ya que las prácticas agrícolas, la refrigeración, el transporte y el almacenamiento son, generalmente, menos eficientes.

La cadena de frío

De todo el proceso, tiene especial importancia el transporte, sobre todo de los alimentos perecederos. En el caso de las frutas y verduras, unas malas condiciones de transporte pueden suponer más de un 50% de la mercancía desechada. El papel del transporte será cada vez más relevante a medida que pasen los años, ya que el éxodo hacia las ciudades continúa y la sociedad se va alejando de los lugares de producción. En el transporte a temperatura controlada es esencial no romper la cadena de frío, tal como practicamos en Carbó Collbatallé.

De esta forma, se garantiza que los alimentos lleguen a su destino con la calidad y propiedades intactas. Por el contrario, si se interrumpe la cadena de frío, pueden contaminarse: las bacterias empiezan a aparecer y la comida se deteriora.

El desperdicio alimentario no solo conlleva el despilfarro de la comida en sí. También se desaprovechan todos los recursos invertidos en producirla: la mano de obra, la tierra, el agua, el combustible… Según la ONU, un tercio de la producción mundial de alimentos para consumo humano se desperdicia cada año. Para reducir esta cifra, el transporte por carretera es clave. 

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